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Los índices de criminalidad y las restricciones por la sequía perjudican al sector
El turismo en Lloret sigue sin remontar tras la pandemia. La criminalidad preocupa y las restricciones de agua no ayudan a animar la llegada de turistas. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado los niveles turísticos alcanzados en el primer trimestre y siguen siendo peores que los de 2019: ha habido 6.143 viajeros menos que en el de 2019 (-6,2%) y se han registrado 20.083 pernoctaciones menos que las del mismo trimestre de 2019, lo que supone una caída del 6,7%.
"Es urgente que el equipo de gobierno del Ayuntamiento, con la colaboración de los empresarios del sector, presente un plan de acción que sea capaz de cambiar de manera definitiva la tozuda tendencia que sigue sumiendo en la incertidumbre al motor de la economía de Lloret de Mar. Si se sigue haciendo lo mismo que hasta ahora, y presuntamente nadie ha presentado algo diferente que sume y dé luz al túnel tenebroso por el que transita el sector en el municipio, es fácil deducir que Lloret de Mar seguirá perdiendo posiciones en su economía, en la cuenta de resultados del sector empresarial productivo y en el empleo", asegura el presidente de la ECU Lloret Blau, Miguel Moreno.
En este sentido, el presidente de la entidad apunta a los índices de criminalidad del municipio como uno de los factores que tiran para atrás a los visitantes. Moreno asegura que es "urgentísimo" poner en marcha medidas para que turistas y lloretenses "puedan volver a respirar tranquilos y con confianza y palpen los beneficios de formar parte de una sociedad segura". Pone como ejemplo el crecimiento del 58% de las agresiones sexuales con penetración el año pasado y los 1.276 hurtos que se produjeron, mientras que los actos relacionados con las drogas se incrementaron un 200%.
Otro de los factores son las restricciones de agua. "Ante la crítica situación actual la mejor ocurrencia de la Generalitat ha sido aplicar una norma salvaje de restricción del agua de boca y la prohibición de su utilización en varios frentes. Sin agua, Lloret tendría que olvidarse del turismo", lamenta Moreno, celebrando la desaladora portátil comprada por el sector, "que a priori parece ser que será la solución y evitará que la temporada turística sea un desastre".
Detalla que la prohibición de rellenar piscinas, por los efectos de la evaporación, significa que 7.537 personas (18,3% de la población del municipio) no podrán utilizar su propio refugio climático para resguardarse de los rigores del calor de la etapa veraniega. "Al turismo hay que protegerlo, por supuesto, pero también a los contribuyentes lloretenses. Cualquier piscina suma m² a la vivienda, a efectos de valor catastral, y, por lo tanto, está gravada con el pago del IBI que bien se podría cuantificar entre un 25 y 35%. Sería justo que, en el caso de que la inventiva del equipo de gobierno no dé con la solución, se aplique, entonces, la rebaja pertinente del pago del IBI; aunque los lloretenses afectados están convencidos y necesitados de que el equipo de gobierno resuelva la situación de manera satisfactoria para ellos", critica.